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YA NO VAS A MENDIGAR QUE TE CONTRATEN

el 30 Diciembre 2013.

Para aquellos cuyo trabajo o profesión representa más,  mucho más,  que estampar su firma en una nómina a final de mes y cuya expectativa vital no se reduce a la agonía de un lunes a las 9h desear que sea viernes a las 14h,  puede que no esté tan lejano el momento en que un contrato laboral pase a un segundo plano.

El empleo del futuro no pasa precisamente por reducir las infinitas modalidades contractuales a solo 4 porque el problema de base continúa siendo exactamente el mismo:  En un país donde contratar a un trabajador sigue costando al empresario (tanto al potentado del IBEX 35 como al pequeño autónomo de provincias que no llega a final de mes) el importe de la nómina más un 40% de la misma, aprox, en concepto de Seguridad Social (una de las más caras de toda la economía mundial) supone que este se lo piense dos veces antes de dar un paso adelante.

Ni este gobierno ni el que viene detrás va a echar seriamente una mano al emprendedor (o si, pero para llevársela directamente al cuello, apretando) reduciendo valientemente la cuota de aportación a las arcas públicas, tal y como muchos economistas claman, ya que este es el principal freno que lastra las contrataciones. Los pequeños parches en forma de bonificaciones o reducciones temporales de la cuota a pagar están demostrando que no sirven para nada y más teniendo en cuenta que las fuentes de financiación privadas siguen totalmente cercenadas llevándonos a un callejón sin salida.

Por otro lado, ¿qué va a ocurrir con el trabajador?: cuando esta crisis amaine, y por mucho que digan  no le queda menos de tres años, aquel que no dependa de la hostelería, construcción o similares y esté adecuadamente formado  se va a hacer muy fuerte y su posición ya no será la misma frente a la empresa. La evolución espectacular que ha traído consigo la era de la tecnología y del conocimiento (con una rapidez en los cambios muy superiores a los que provocó en su momento la revolución industrial)  está abriendo caminos que antes eran imposibles de vislumbrar, uno de ellos es el de los recursos humanos, entendidos ya no como una relación descendiente, de mando y ordeno, sino como una relación de tu a tu entre empresario y trabajador.

En muy poco tiempo, menos de un siglo, los trabajadores han pasado de ser tratados como simples esclavos, con jornadas laborales interminables, donde eran simples piezas de un engranaje industrial en el que el fallo o rotura de una de ellas era simplemente sustituida por otra, donde la tan manida conciliación familiar era una quimera… a pasar desde hace solo unos 40 años a una sociedad en que los citados trabajadores no solo son poseedores de derechos sociales sino que además la empresa, en muchas ocasiones, es vista como una madre amparadora y catalizadora de realización profesional y personal… y en esas estábamos cuando ha irrumpido la era tecnológica que por aquellas ironías del destino va a terminar humanizando lo impensable.

En un futuro que está a la vuelta de la esquina el trabajador no dejará que sus aspiraciones personales y profesionales vengan prefijadas por una determinada organización. En la era de la información y el conocimiento, la imagen del trabajo como actividad asociada a un sitio y a un horario concreto procedente del entorno de la cadena de montaje va a pasar a mejor vida, dejando  de ser  elementos necesarios para el buen funcionamiento del sistema para convertirse en peligrosos

Lastres de la innovación y la productividad. Trabajo es lo que haces y no el sitio al que vas. (José Miguel bolivar, dixit).

Si se tiene a un personal comprometido se tiene fuera de horarios, de vacaciones estipuladas y tasadas a 30 días por año (la definición de lo que son las vacaciones acabará siendo algo obsoleto ya que van a quedar totalmente integradas por el trabajo y el trabajo pasará a ser parte integrante de cada sujeto pero no al nivel de preponderancia y subyugación irracional que tenía hasta ahora), de jornadas laborales y de centros de trabajo, si estás comprometido e ilusionado con tu trabajo lo estás independientemente de que a las 13h 30 estés comiendo con tus hijos,  que  a las 17h salgas a practicar deporte o que de 10h a 12h estés perfeccionando tu inglés. En un mundo tan competitivo como este que un profesional por muy bueno que sea no tenga este espíritu de libertad y al mismo tiempo una mentalidad y compromiso de empresario supone una reducción importante de sus capacidades.

¿Ciencia ficción?, ¿Soñar gaitas? En absoluto, ya está aquí la figura del “freelancer” (personas que trabajan a distancia para la realización de determinados proyectos). Grandes organizaciones a nivel mundial como ODESK tienen a su disposición 2,6 millones de freelancers. En España, la empresa NUBELO trabaja de este modo con 76.000 profesionales. Ahora mismo, en Estados Unidos, esta figura representa el 35% de la población activa, en el 2020 supondrá la mitad de la misma.

Pero toda esta nueva realidad no se regala: La tecnología está transformando a gran velocidad no solo el modo en que trabajamos sino el propio adn del trabajo (eliminando algunos y creando otros) lo que supone que hay que estar dispuestos a aprender durante toda nuestra vida profesional para garantizar nuestras condiciones de empleabilidad y al mismo tiempo, tener mentalidad de empresarios tanto si estamos contratados por otros como si no.  Fruto de todo ello se está implantando en las empresas de todo el mundo una clara tendencia a organizar el trabajo no a modo de empleo para siempre sino en base a proyectos de una duración determinada.

El futuro está muy cerca,  antes los grandes cambios económicos, políticos, sociales, tardaban décadas en fraguarse y los veías venir.  Ahora el futuro llega en años y se presenta sin avisar obligando a una adecuada preparación para adaptarse rápidamente y no ser engullidos por el mismo, tanto si se ha nacido en la era digital como antes de su ebullición.

Preparación e intuición para no equivocarnos, es mucho lo que hay en juego.

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